El ruido submarino amenaza nuestros océanos

 

¿Qué tiene que ver el ruido submarino con el tema de la energía? Es más, ¿qué es eso del ruido submarino? ¿No son las aguas de nuestros mares y océanos un tranquilo mundo donde impera el silencio? Es cierto que así fue durante millones de años, pero, lamentablemente, en la actualidad, debido a la creciente interferencia humana en los ecosistemas marinos, están cada vez más lejos de ser el “reino del silencio”. Y ello, en gran medida, es por culpa de las prospecciones petrolíferas.

Cuando relacionamos el petróleo con el mar, en seguida nos vienen a la cabeza imágenes de mareas negras. Ocasionadas por accidentes de buques petroleros (Prestige, Mar Egeo, Exon Valdez, Amoco Cadiz, Erika, Urquiola, Torrey Canyon… por citar solo algunos de las muchas decenas de nombres de barcos siniestrados). O por plataformas, siendo sin duda el peor desastre petrolero de la historia el provocado por la plataforma Deepwater Horizon de British Petroleum en el golfo de México el 20 de abril de 2010, durante el cual se liberaron al mar más de 4 millones de barriles de petróleo crudo en los tres meses que se tardó en tener totalmente controlada la fuga.

Pero el vertido de petróleo no es el único problema que genera la industria de los hidrocarburos en el medio marino. Hay otro, mucho más desconocido para el público general, porque es aparentemente menos escandaloso, pero que también reviste mucha gravedad: la contaminación acústica submarina.

Diversas actividades del ser humano son la causa de esta contaminación acústica submarina. La de mayor impacto es la realización de sondeos acústicos, principalmente para llevar a cabo prospecciones de hidrocarburos en el subsuelo marino, mediante la utilización de cañones de aire comprimido (air guns). El tráfico marítimo es otra causa importante, especialmente por el hecho de que más del 90% del transporte mundial de mercancías se realiza con barcos. Otra de las más destacadas es el uso de sónares activos militares, pero no hay que olvidar el uso de explosivos en el mar, diversos tipos de experimentos oceanográficos o la construcción de infraestructuras en el lecho marino.

El nivel de ruido de origen antropogénico en el medio marino aumenta a un ritmo alarmante. En algunas áreas, los niveles de ruido submarino se han ido duplicando década tras década durante los últimos 60 años.

Desde el punto de vista científico es cada vez mayor la preocupación por la proliferación del ruido submarino ya que representa una amenaza significativa para los ecosistemas marinos y para la supervivencia de las poblaciones de mamíferos, tortugas, peces y otros animales que habitan los océanos. Este tipo de contaminación pone en riesgo especialmente a los cetáceos, debido a la especial fisiología de éstos que dependen de un sofisticado sistema de ecolocación (biosonar) para su orientación espacial, alimentación, reproducción y cría.

De hecho, la Organización de Naciones Unidas (ONU) reconoció ya en 2005 que la contaminación acústica es una de las cinco mayores amenazas para los mamíferos marinos y una de las diez mayores amenazas para los océanos. Por ello, la ONU ha establecido la reducción y regulación de la contaminación acústica del océano como una de sus altas prioridades.

Las prospecciones sísmicas de las exploraciones petrolíferas es la principal fuente de contaminación acústica del medio marino. Para llevarlas a cabo se utilizan, arrastrados por barcos especializados, ristras de cañones de aire comprimido sumergidos, mediante los cuales se realizan, cada 10-15 segundos, durante varios meses, explosiones con una intensidad sonora de hasta 260 dB que se trasmiten a través del agua y cuyas ondas pueden desplazarse horizontalmente centenares de kilómetros. Este enorme nivel de ruido tiene consecuencias fatales para la fauna marina, incluyendo ballenas y delfines, pero también para las especies de peces de interés comercial, tal y como se ha demostrado mediante numerosas investigaciones científicas. Los pulsos de aire comprimido producen daños fisiológicos irreversibles en cetáceos, tortugas, peces, invertebrados e incluso su muerte.

Según el ‘Documento técnico sobre impactos y mitigación de la contaminación acústica marina’ del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente publicado en 2012: “La profundidad de penetración de las exploraciones sísmicas industriales en la corteza terrestre es de hasta 15.000 pies (aprox. 5 km) para sondeos de petróleo y 20.000 pies para yacimientos de gas. Esto indica las grandes distancias a las que los pulsos sísmicos pueden ser detectados por la fauna marina”.

La energía del sonido se mide en decibelios (dB), en relación al umbral de la audición humana. La escala de decibelios es logarítmica, lo que significa que 20 dB no es el doble de fuerte que 10 dB, sino 10 veces más energía sonora y 30 dB es cien veces más. Hay que tener en cuenta que el ruido ambiente del océano se sitúa entre los 55 y 85 dB. Sin embargo, las ondas acústicas emitidas por esos air guns tienen un nivel sonoro de 249 a 265 dB y una frecuencia de entre 10 y 250 Hz. A modo de comparación, estos sondeos acústicos son entre unas 10.000 y 100.000 veces más ruidosos que el motor de un avión a reacción, que emite un ruido de unos 140 dB.

Según el reciente informe “Visión general de los puntos negros de ruido submarino en el área ACCOBAMS, Parte I – Mar Mediterráneo”, realizado por destacados científicos de Francia, Italia, Suiza y los EE.UU., y auspiciado por el Acuerdo sobre la Conservación de los Cetáceos en el Mar Negro, el Mar Mediterráneo y la Zona Atlántica Contigua (ACCOBAMS, en sus siglas inglesas), mientras que en 2005, un 3,8% de la superficie del Mediterráneo se vio afectada por el uso de sondeos acústicos con airguns para la búsqueda de yacimientos de petróleo y gas en el subsuelo marino, en 2013 este porcentaje había aumentado hasta el 27%.

En este concreto grupo de actividades se encuentran los proyectos de exploración de hidrocarburos que diversas empresas del sector petrolero (Spectrum Geo Limited, Services Petroliers Schlumberger, Repsol, Cairn Energy) pretender llevar a cabo en la demarcación marina levantino-balear del Mediterráneo a los que la sociedad y la Alianza Mar Blava se oponen frontalmente.

La Alianza Mar Blava forma parte de la Silent Oceans Coalition (coalición por unos océanos silenciosos), una plataforma internacional compuesta actualmente por 26 organizaciones que trabajan conjuntamente para lograr una reducción de los niveles de ruido submarino de origen antropogénico en los mares y océanos del mundo y su regulación a nivel mundial.

Con el fin de que los océanos recuperen su silencio original, la Silent Oceans Campaign demanda, entre otras cosas, que se instaure un marco normativo internacional para reducir la contaminación acústica del océano; que se acuerde un umbral de ruido vinculante a nivel mundial; que los hábitats sensibles para la fauna y las áreas marinas protegidas no se vean sometidos a fuentes de contaminación acústica submarina; y, que se lleven a cabo evaluaciones de impacto ambiental estratégicas basadas en el principio de precaución.

Artículo original en 20minutos

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