El silencio perdido en el mar

El problema de la contaminación acústica submarina, o ruido submarino es todavía muy desconocido. Mucha gente cree que los mares y océanos son todavía un «mundo del silencio», como se titulaba el primer gran documental que realizó, en 1956, el famoso oceanógrafo Jacques Cousteau. Pero, desde entonces, las cosas han cambiado mucho y, lamentablemente, a peor. En los últimos 50 años, el nivel de ruido en el mar se ha duplicado cada década, debido a la creciente interferencia humana en el medio marino. Este hecho es causa de una gran preocupación en el mundo científico pues el ruido submarino representa una amenaza significativa para los ecosistemas marinos y la fauna a ellos asociada.

Pensemos que los mares y océanos son un medio muy oscuro; incluso en los de agua más transparente la luz no penetra más allá de unas pocas decenas de metros. Sin embargo, en el agua, el sonido viaja cinco veces más rápido, y muchas veces más lejos, que en el aire. Ballenas, cachalotes, delfines y zifios han evolucionado para aprovechar este medio sonoro perfecto (y también otros animales marinos, como algunos peces e invertebrados) y han desarrollado un sofisticado sistema acústico que es extremadamente sensible al ruido submarino.

Así como nosotros dependemos principalmente de la vista en nuestro iluminado medio terrestre para sobrevivir, ellos dependen del sonido en el oscuro medio marino para ubicarse, socializarse y reproducirse, detectar depredadores y buscar comida. La irrupción de altos niveles de contaminación acústica en su medio pone en riesgo la posibilidad de llevar a cabo con eficacia todas esas actividades básicas para su supervivencia. Desgraciadamente, cada día, los cetáceos, los peces y otras especies marinas se ven amenazados por una cacofonía de ruido industrial procedente de la exploración sísmica en las prospecciones petrolíferas, del sonar naval utilizado en maniobras militares y del transporte marítimo. La actividad que provoca el mayor impacto es la primera de ellas, es decir, la realización de sondeos acústicos, principalmente para llevar a cabo prospecciones de hidrocarburos y otros recursos minerales en el subsuelo marino, mediante la utilización de cañones de aire comprimido de alta presión (air guns, en inglés). Los airguns generan un tipo de explosión con los que emiten ondas acústicas de enorme intensidad que provocan un nivel de ruido en el medio marino de 10.000 veces a 100.000 veces mayor que el producido por el motor de un avión a reacción. Esta fuente de ruido submarino, al igual que los sónares de las maniobras militares, puede producir a la fauna marina graves daños fisiológicos e incluso la muerte, y de hecho está demostrada la relación directa entre estas actividades y varamientos masivos de cetáceos, especialmente en especies de buceo profundo como el zifio de Cuvier.

AUMENTO PREOCUPANTE

De hecho, según el informe ‘Visión general de los puntos negros de ruido submarino en el área Accobams, Parte I – Mar Mediterráneo’, en el período 2005 a 2015, encargado por el Acuerdo sobre la Conservación de los Cetáceos en el Mar Negro, el Mar Mediterráneo y la Zona Atlántica Contigua (Accobams, en sus siglas inglesas), es particularmente preocupante el aumento que se ha producido, en el citado periodo, de las actividades de adquisición sísmica (sondeos acústicos), sobre todo en relación con las prospecciones petrolíferas, en las que se utilizan cañones de aire comprimido. Así, mientras que en 2005 un 3,8% de la superficie del Mediterráneo se vio afectada por el uso de sondeos acústicos con airguns, en 2013 este porcentaje había aumentado hasta el 27%.

Precisamente, en el área marina comprendida entre las islas de Eivissa y Mallorca y al sureste de Eivissa y Formentera, en aguas entre 100 m y 2.800 m de profundidad, se pretende llevar a cabo el proyecto de prospecciones ‘MedSalt-2’, basado en la utilización de esos cañones de aire comprimido. La realización de este proyecto tendría graves efectos nocivos para la fauna marina.

Así lo ha confirmado recientemente la Dirección General de Sostenibilidad de la Costa y del Mar del Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco) que, en un reciente informe del pasado mes de julio sobre el impacto ambiental del proyecto ‘MedSalt-2’, concluye que «se desaconseja realizar estas adquisiciones sísmicas en la zona» pues tendrían «un efecto desfavorable en las especies de cetáceos sensibles en el área y en particular en el cachalote, y en la tortuga boba, dos especies presentes en la zona todo el año». También se verían negativamente afectadas por este proyecto otras especies de cetáceos, de tortugas marinas, de aves marinas y de peces (algunas de gran interés comercial, como el atún rojo y pez espada).

nivel global, el tráfico marítimo es otra causa importante de ruido submarino, especialmente por el hecho de que más del 90% del transporte mundial de mercancías se realiza con barcos, pero de esto hablaremos en una próxima publicación.

 

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