El mar puede volver a ser el mundo del silencio

Desde mediados del siglo pasado, el nivel de ruido de origen antropogénico en el medio marino está aumentando a un ritmo alarmante, duplicándose cada década. La fauna marina se ve cada vez más amenazada por el caótico y creciente maremágnum de ruido procedente de la exploración sísmica en las prospecciones petrolíferas, del sonar naval utilizado en maniobras militares y del transporte marítimo.

A nivel global, el tráfico marítimo es una causa importante de ruido submarino, especialmente por el hecho de que más del 90% del transporte mundial de mercancías se realiza con barcos. Éstos, en su navegación, tienden a producir sonido de baja frecuencia que se puede propagar a través de enormes distancias en todas las direcciones. Ello es debido principalmente al fenómeno de la cavitación producido por las hélices, es decir, la formación de pequeñas burbujas de vapor en el seno del agua, las cuales implosionan causando ondas de presión audibles. En las hélices, la cavitación, además de mucho ruido, puede causar daño en los componentes y una pérdida de rendimiento.

Desde el punto de vista del ruido submarino, el efecto que provoca la navegación marítima, considerada en su conjunto, es el equivalente a una especie de niebla acústica permanente y en constante aumento que enmascara los sonidos naturales y altera el comportamiento animal pues este ruido, por sus características, interfiere con las frecuencias utilizadas por diversos tipos de ballenas, delfines, focas, peces y otros animales marinos para el desarrollo de sus actividades vitales. El diseño de mejores hélices, que generen menos cavitación, junto con el de motores más eficientes y más silenciosos, así como la regulación de la velocidad de los buques en determinadas zonas y momentos, son medidas, entre otras, que, además de reducir el consumo de combustible (y por tanto del coste de la travesía) y las correspondientes emisiones de gases contaminantes, disminuirían mucho el ruido submarino provocado por este sector.

No hay muchos datos aún sobre el nivel de ruido submarino producido por la navegación marina en las aguas baleares ni, en particular, en las Pitiusas. A este último respecto, la situación, afortunadamente, puede mejorar ya que la asociación Tursiops ha puesto en marcha el proyecto de seguimiento acústico denominado ‘Nuestros Delfines’, del que Diario de Ibiza ha venido informando en los últimos meses. El objetivo de este proyecto es analizar la presencia de cetáceos en nuestras aguas y su correlación con el nivel de ruido submarino. Para ello, se cuenta con tres hidrófonos instalados en aguas de Ibiza en las zonas de la Reserva de Es Vedrà, Es Vedranell y els Illots de Ponents (zona de impacto acústico presuntamente medio), en la de es Freus (impacto acústico alto) y en el Norte de la isla (impacto bajo). Los datos que se registren de presencia de cetáceos y de ruido submarino en Es Freus serán determinantes para conocer el efecto del tráfico marítimo de todo tipo existente entre las islas de Ibiza y Formentera, una de las rutas más transitadas del Mediterráneo.

Todos tenemos grabadas en nuestras mentes algunas de esas imágenes tan tristes de varamientos masivos de cetáceos: un dramático fin para estos inteligentes mamíferos. El uso de sónares activos en maniobras militares es causa comprobada de estos sucesos.

Los barcos militares usan este tipo de sónares durante sus ejercicios y actividades de rutina para detectar objetos en su trayectoria tales como submarinos, a partir del eco que éstos devuelven pero, inevitablemente, el ruido submarino que producen tiene también graves consecuencias para los cetáceos, especialmente los zifios, animales que pasan la mayor parte del tiempo buceando a grandes profundidades, y son muy sensibles acústicamente.

El 24 de septiembre de 2002 se produjeron varamientos en masa de zifios, en varias playas de Fuerteventura y Lanzarote, en Canarias. Un año después, tras rigurosos estudios de anatomía patológica, un artículo publicado en Nature aportó evidencias irrefutables de que los animales murieron a consecuencia de los ejercicios navales internacionales ‘Neo Tapón 2002’ celebrados en esas mismas fechas frente a la isla de Fuerteventura. Como consecuencia el Parlamento Europeo votó a favor de una resolución en la que se recomendaba evitar el uso de esta tecnología hasta que se conociera el daño a la fauna marina. Como respuesta, el Gobierno español aprobó en 2004 una moratoria para impedir el uso de sónares militares antisubmarinos en las islas Canarias. Desde entonces no ha vuelto a haber varamientos masivos en la zona.

La única parte positiva del problema de la contaminación acústica submarina es que cuando la fuente generadora de ruido desaparece, regresa el silencio. Así, si logramos eliminar las causas del ruido submarino, el mar volverá a ser el mundo del silencio que era hace más de 50 años, y que el oceanógrafo Jacques Cousteau nos mostró en su documental de 1956 ‘Le Monde du Silence’.

La clave la tenemos en la prohibición de los proyectos de prospecciones con cañones de aire comprimido y otras tecnologías generadoras de ruido submarino, evitar la realización de maniobras militares con sónares activos y, como se citó más arriba, la adopción de mejoras tecnológicas en los buques y de buenas prácticas en la navegación marina.

 

Descargar artículo publicado en dominical de El Diario de Ibiza

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