Proteger los caladeros de pesca

Adquisición sísmica

Durante esta fase, se ha podido observar que algunas especies de peces sufren un cambio de comportamiento. Hay datos que evidencian una reducción en las capturas de peces de distintas especies en áreas próximas a prospecciones sísmicas. Por ejemplo, estudios realizados en el mar del Norte estimaron una reducción de la abundancia media de algunas poblaciones de peces respecto a las que existían en la zona antes de la actividad sísmica. La abundancia de estas poblaciones disminuyó un 36% para especies demersales, un 54% para especies pelágicas y un 13% para pequeños pelágicos. Son especialmente vulnerables los alevines, larvas y puestas, con mínima capacidad de huida.

Las prospecciones planeadas en esas zonas también ponen en riesgo las áreas propuestas por Ecologistas en Acción, GOB, Greenpeace y WWF/Adena, para crear un Santuario para el Atún Rojo, especie en peligro de colapso pesquero, con los problemas ambientales y económicos que esto implica.

Es fundamental que se reconozcan los impactos que la prospección y la explotación petrolíferas pueden tener sobre las pesquerías, una actividad económica que proporciona importantes beneficios sociales y económicos locales y nacionales.

Pesquero en la costa de Formentera © <a href="http://www.flickr.com/photos/photolupi/2028339631/">photolupi</a>

Pesquero en la costa de Formentera © photolupi

Perforación y explotación de los pozos

Los lodos de compactación (empleados para ejercer presión sobre la bolsa de hidrocarburos, como lubricante del taladro de perforación o para reforzar las paredes del pozo) contienen determinadas cantidades de compuestos químicos peligrosos como el sulfato de bario, metales pesados y compuestos aromáticos policíclicos. Además, se emplean en los procesos de inyección productos tóxicos como dispersantes, anticorrosivos y biocidas. Todo ello, sumado a las fugas de hidrocarburos (las concentraciones en el entorno de las plataformas puede ser hasta miles de veces superiores a las normales) genera una contaminación crónica que puede incorporarse a la cadena trófica, redundando en problemas para los ecosistemas y para el consumo humano de productos del mar.

En caso de vertido accidental con escape de petróleo, los quimiorreceptores de muchas especies marinas detectan el petróleo en el agua y varían sus migraciones y movimientos, con lo que desaparecen o no se acercan al lugar. El petróleo se deposita sobre los fondos marinos, matando o provocando efectos subletales en miles de animales y plantas vitales para el ecosistema. Las algas de los fondos y las orillas quedan cubiertas por una fina película aceitosa que dificulta la fotosíntesis y la reproducción. Los efectos subletales en los animales marinos pueden abarcar deformaciones, pérdida de fertilidad, reducción del nivel de eclosión de huevos, alteraciones en su comportamiento y gran cantidad de efectos derivados de la toxicidad del vertido.

Tras desaparecer el petróleo de la superficie, el agua presenta una falsa apariencia “limpia” dado que queda cristalina por la muerte del fitoplancton y fauna marina que “enturbia” el agua. El fitoplancton es la base de la dieta, por ejemplo, de las larvas de especies comerciales como la sardina o el atún.

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